La igualdad de sexos en el siglo XXI
Esta tarde he asistido a Educación para la igualdad como parte de un módulo de un curso de corte y confección financiado por la Junta y el Fondo Social Europeo.
La profesora, licenciada en derecho y doctora (realmente una persona muy formada y con gran capacidad comunicativa, no como la de costura) nos dijo que el objetivo actual de los planes de igualdad era, y cito literalmente: “Revalorizar el trabajo doméstico, por los problemas que ha traído la incorporación de la mujer al trabajo”. Problemas como: incremento del paro, desestructuración familiar, hijos rebeldes... Primero se nos invitó a pensar en las ventajas e inconvenientes de la incorporación de la mujer al trabajo, y eso sí se nos dijo que la mujer ama de casa tenía iguales derechos para gastarse el dinero que su marido puesto que él lo ganaba, pero ella lo administraba y cuidaba de los hijos. El problema de esto es que en ningún momento se dijo que también podía ser el hombre el que se quedase en el hogar y estuviese al cargo de los hijos mientras la mujer trabajaba. Se dio por supuesto que dicho papel era connatural a la mujer.
Cuando le interpelé para decirle que si mis condiciones laborales eran mejores que las de mi marido yo no renunciaría al trabajo para tener hijos, me dijo que entonces mientras estuviese trabajando estaría con la cabeza en otra parte pensando qué tal atendidos estarían mis niños. Y para rematar me dijo con rutundidad que la que acabaría renunciando a trabajar sería yo.
Mucho progreso social, mucha igualdad y resulta que ahora de lo que se trata es de que las mujeres volvamos por sistema al trabajo doméstico, pero eso sí, sin depresión, con total autoconfianza y seguridad porque si nos divorciamos la mitad es nuestro y si nos maltratan el estado nos protege. La verdad es que bien mirado la postura es bastante más cómoda que la actual de ser una superwoman que trabaja, cuida a los hijos, limpia la casa, cocina hiper-mega bien y sano, y aún le quedan ganas para sonreir al marido que le ayuda poniendo la mesa.
Ya otra cosa es la gratificación personal que pueda suponer a cada cual encerrarse en el hogar, renunciar a la realización profesional y vivir de nuevo en la sombra de la historia.


